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Mostrando entradas de junio, 2016

"Réquiem en Tetuán", de Ahmed Mgara

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Más allá del edén. Del libro "Réquiem en Tetuán", de Ahmed Mgara
Allí estaba el Gorgues, implacable con su vestimenta grisácea, desafiando las nubes atravesándolas con su hiriente cima que abrazaba al sol con los destellos de su corona milenaria. Estaba solo, más allá de las rejas que el Dersa dibuja en una serpentina línea de barro y de llanto. Me dio la impresión que, al menos aquella vez, mi Gorgues no necesitaba subir a sus borrascosas cumbres para sentirse plagado de ausencias y de hiriente soledad.
La tristeza de su túnica lo tenía sumiso en su lúgubre silencio que tan solo emanaba los susurros del viento cuando los repelía enviándolos hacia los pinos del Dersa. Estaba alterado en sus vuelos inmensos mientras la irradiación del sol le daba la impresión de ficticios movimientos carentes de veracidad. El Gorgues, encaramado en el cielo, unía el horizonte con la tierra tetuaní que se dejaba rociar por las aguas del Mhannesh. Desde la cornisa yo seguía mirando y admirando la m…

"Réquiem en Tetuán", de Ahmed Mgara.

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Tetuán, la novia sin ajuar. Del libro "Réquiem en Tetuán", de Ahmed Mgara.
Tendida bajo las marchitas rosas de la alborada, la niña de fuego cubre de caricias las cloacas que riegan sus acequias de llanto y de encanto. La rosa de los vientos torna su blancura en cuna de tormentos, blasfemando sobre el letargo de sus sueños vespertinos.
El azul del cielo le trae de la mar su amargura y la cicatriz de los siglos. Golondrinas celestiales sobre su rocío vienen y van aún sin traer ni llevar sobre sus alas lo que vienen a buscar. Sus callejas impresionan como laberintos de hechizos, como serpentines de cardo entremezclados con el rugir de su silencio. Tetuán, en su pálida desnudez, descansa sobre el lecho amargo del Dersa, tensa la espalda y acurrucada en el alma. Derrotada sin ser vencida. El aire que la comprime camina como las olas antes del ocaso de su sol, casi sin movimiento y sin traslación. Da la impresión  que el aire que entorna el Tetuán antiguo se niega a cambiar de lugar. Algu…
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Tetuán, suspiro morisco. Del libro "Réquiem en Tetuán" de Ahmed Mgara.
Mi tierra es como todas las ciudades. Es alma  y espíritu viviente, raíces que crecen en las profundidades y ramas que se alzan en las  alturas…semillas esparcidas por todos lares y en lo más lejano del cuero mundano. Tetuán tuvo hijos ilustres que ahora tiene diseminados en minifundios distantes. Muchos de ellos salieron jóvenes en busca del saber, otros en busca del sustento y de un futuro menos cruel    y más prometedor. Otros salieron de Tetuán ya maduros para ocuparse de cuestiones concretas o misiones determinadas. Pocos vuelven a las callejas y plazoletas del lugar, por olvido o por imperativos, no sé; pero dejan tras de sí una ciudad que les vio nacer y que les dio el surgir…que los necesita.
Tetuán se vio desahuciar por quienes ella amamantó desde la más temprana edad…y no pensaron en volver porque adquirieron su nueva identidad. Cambiaron de aspectos y de rasgos faciales, sus cuerdas bucales endur…

"Réquiem en Tetuán", de Ahmed Mgara.

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"Réquiem en Tetuán" del libro ""Réquiem en Tetuán" de Ahmed Mgara.
Me han dicho que la tengo que dejar de querer; que su amor no me ha causado más que problemas y las más horribles de las perdiciones. Me han insinuado que he de dejar de lado su pasión; olvidarla…y empezar con otros sentires, otro vivir sin mi Tetuán en el alma.
Habiendo nacido en su orilla más mediterránea y respirado su aire más primoroso, no puedo ser ingrato renunciando a ella. En Tetuán nací y en su brisa quiero que se escuche mi epitafio. Y, cuando mi alma pase a mejor vida, apiadase de mis pecados mi Dios, sólo podré hallar mi paz si mis restos pudieran  descansar en la avidez de la tierra tetuaní. Que me entierren bajo la sombra de un naranjo que sembré cerca de una higuera carcomida por los años, que rocíen mis restos con agua de azahar y que esparzan sobre la polvareda que coloree mi tumba  un manojo de pétalos rosales y arrayanes a caudales. Que me entierren donde ilumina el alba y refresc…

"Réquiem en Tetuán", por Ahmed Mgara.

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La mar de Tetuán. Del libro "Réquiem en Tetuán", de Ahmed Mgara
Dos espinas llevo clavadas en mis entrañas, la de la mar que me aleja del horizonte andalusí y la de la montaña que me distancia de los pinos del Gorgues cada vez un poco más. Entrañas ensangrentadas por un luto vociferante en la oquedad de los vientos, gritos ocultos tras las calles y las oxidadas paredes de una ciudad carcomida por un pasado que ni siquiera le pertenece. Tetuán, moza amputada en sus pestañas, vibra sobre su lecho del Dersa de tanto dolor, deshojando la margarita que se niega a darle una respuesta veraz y que, sin decir ni que sí ni que no, se desviste de la blanca vestimenta -hoja tras hoja- en la sacra tierra del amor. Blanca Paloma con plomo en sus alas. Subido en lo alto del monte del cementerio veo las olas de la mar chispear en la tacita de Río Martín. Agua bendita por la sal fina que baila la sinfonía de los tiempos sobre las doradas arenas que visten la orilla de sol y de esplendor.
 La mar, …

"Réquiem en Tetuán" de Ahmed Mgara.

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Tetuán, la magia del despertar. Del libro "Réquiem en Tetuán", de Ahmed Mgara.
Tetuán, canto inconcluso y arrebato de los tiempos, cuna de lo injusto y de la perdición por buscar ser justo y bueno. Tierra bendita con espíritu andalusí y alma de petenera y de suspiros en los tientos. Tierra donde rima la poesía hasta la médula noche y día, donde luz y sol se confunden en cualquier prosa.
No me duele que Tetuán ya no me quiera si antes otras dos mozas también me dejaron de querer. ¡Yo seguiré siendo fiel a mis locuras! Lejos de ser feliz en mi terruño de esplendor, quiero hacer llegar mi voz al alma  secular de mi tierra que anda esparcida con el polen de los tiempos y de los jazmines por todos lares desde Tetuán…con amor. Ser de Tetuán es sinónimo de altivez secular, un símbolo que se lleva en el alma y en todos los sentidos. Tetuán es una eclosión de sensibilidades y de afinidades, todo un manojo de espiritualidad en sus calles y en cada rincón de sus callejas que se ocultan de…
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Un tetuaní del Real Madrid que se nos fue.
Luis Trujillano Puya, ex jugador internacional del Real Madrid desde 1953 a 1958, falleció el domingo pasado a los 83 años de edad.
Nacido en Jerez de La Frontera el 1 de junio de 1933 y tras su paso por el equipo del Pilar de Tetuán, pasó a formar parte de la Unión Africa Ceuti, de donde llegó a la cantera blanca en 1949 y con el primer equipo ganó las dos primeras Ligas Nacionales (1956-57 y 1957-58) y 3 Copas de España (1954, 1956 y 1957). Se le conoció como primer jugador español que machacaba con sus mates los aros de los equipos contrarios aún sin rebasar su estatura el 1,90. Fue en la época de Pinedo y de Pedro Ferrándiz cuando lució su astro, jugando la semifinal de la primera Copa de Europa. Se retiró a temprana edad como jugador de baloncesto, si bien, desde sus altos cargos en el Banco Exterior de España, concedió subvenciones para la promoción del baloncesto y del deporte en general.
Descanse en Paz.

"Réquiem en Tetuán" , por Ahmed Mgara

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Orgullo morisco. Por: Ahmed Mgara del libro: "Réquiem en Tetuán".
Por haber nacido cerca de las olas de la mar que te baña siento orgullo, por haber oído el rugir de las olas marinas de tu mar de Río Martín repicar tu nombre siento orgullo. Por ser de ti, Tetuán del alma, siento orgullo. Por respirar el aire de los pocos pinos que aún abrazan el sol en el Dersa siento orgullo.  Por caminar sobre los adoquines seculares de la calle Metamar emulando a insignes caballeros andalusíes tengo orgullo.
Por atravesar el Feddán y Al Wesea llenando mis pechos de su angelical aroma tengo orgullo…; ser de ti y quererte es un sinfín de orgullos, de todos los orgullos. Muchos no te son agradecidos. Hijos naturales e hijos adoptivos que amamantaste hasta el saciar y sin limitaciones. Les diste sin cesar…hasta que, tras un despertar, renegaron de ti y se olvidaron de tus dádivas caricias, del fresco poniente, del calor perenne de tu sol, de las sombras que hallaban en el Jardín de Cagigas y  del a…
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Las dos Granadas Por Ahmed Mgara del libro "Réquiem en Tetuán"
De granulada cal se cubrió el espejo en que  Granada se quiso mirar.  De sus ojos manaban lágrimas que en las Alpujarras regaban las soledades lejanas, y el sol, al aparecer tras las tímidas nubes, le guiñó el ojo a la almidonada mejilla de Granada que, cansada, estaba postrándose sobre el lecho del Dersa.
La veleta de mis suspiros buscaba una desperdigada estrella polar mientras anidaba en su oxidada mocedad el serrano viento que quería dejar de soplar. Las miradas encendidas de Tetuán me invitaban a buscar en mis sueños una rima floral…y  en mi pecho, la herida de los siglos hería mis sueños y mis sinos sin piedad. Granada, mi amada del alma, préstame un sueño para edificar en mi mente tus murallas de mirto; dame de tu brisa un ramillete de nostalgias para embalsamar el llanto de mis prosas. Clava en mí, Granada, el frío de tus recuerdos mágicos y deja que mis llantos lleguen por su senda al yugo con el que m…

"Réquiem en Tetuán", de Ahmed Mgara

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Tetuán en el suspiro. Por: Ahmed Mgara Del libro "Réquiem en Tetuán".
Engalanada flor del edén terrenal que brillas desde tu letargo lúcido de los tiempos olvidados, guapa y linda silueta que sobre el Dersa se deja asediar por los pretenciosos y deseosos de los pecaminosos lustros; bella que, cansada y atosigada, prefiere olvidar su hermosura y descansar en los esperpentos de las penurias, acuérdate que aún existe gloria para los olvidados, acuérdate de quienes junto a tus aljibes de llantos infinitos hemos ido creciendo y aprendiendo a querer- por ti- a quienes te ofrecían de su querer.
Luz de esplendor que se vislumbraba en nuestros días más extensos. No nos podíamos imaginar lo que podía ser la afectividad en la existencia, lejos de tus secos senos y argentos transcursos. Tetuán, moza de siglos de silencios y de álgidas vivencias de quienes en ti hemos crecido y aprendido a sentir nuestro caminar por el universo, no te puedo olvidar en la distancia como moza de mis musas d…

"Réquiem en Tetuán", por Ahmed Mgara

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MALES DE AMORES. Por: Ahmed Mgara Del libro "Réquiem en Tetuán"
Recuerdo que fue suficiente ver sus encantos por primera vez para caer en la red de sus enamoramientos. Su ternura grácil y su sensualidad me hicieron olvidar una cita a la que no debía faltar y, aún así, me perdí en sus encantos llenando mis pupilas de su embrujo y beldades. Y me ausenté de la cita. Siempre la sentí distante por no saber, ella, del amor que yo le profesaba. Yo era muy joven y ella ya había tenido y tejido aventuras y engaños en su pasado, pero sentía la obligación personal de amarla y desvivirme por ese amor imposible…me bastaba soñar con ella y con su afecto, que yo no poseía.
De mis males de amor vertí las primeras estrofas y mis versos prematuros e inmaduros. Quise ser poeta para deletrear en el azul del cielo los versos que nunca se escribieron y procuré escribir libros de cantos y de encantos deleitándome en sus quebrados sueños y en las preciosas piedras que cubrían el pecho de la más be…

"Réquiem en Tetuán" por Ahmed Mgara

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Amor a destiempo Por: Ahmed Mohamed Mgara del libro "Réquiem en Tetuán".
Antes de haberla amado yo, mi padre ya la quería. Fue él quien me enseñó el arte de amarla y de cuidar su cariño con el más primoroso de los afectos. La locura de quererla fue, y es, la más bella que un ser puede padecer. Mucha gente sabe de los pormenores de ese querer, incluso mi mujer acabó aceptándome aún sabiendo de «ese amor primero» antes de nuestro compromiso.
Curiosamente, mi amada del alma llegó a quererla tanto o más que yo… Ella se mereció la más bella de mis prosas y la más áurica de mis estrofas; mis palabras, cuando canto sus encantos, riman sin intención y con abrumadora facilidad; me llevé sus sensaciones con el baúl de mis viajes durante los años que llevo desvivido por las locuras de su amor y, a pesar de todo ello, ella me rechaza y me priva de sus dádivas afectivas. Me acostumbré a sus heridas y a cicatrizar los desengaños que a diario me causa. Fue igual de ingrata conmigo que con mi padr…